Cuando era niño vi una película que todavía recuerdo. Fotogramas que se te quedan grabados sin saber porqué. En ella, se pintaba un futuro triste, sucio, oscuro, extraño. Los humanos sólo se alimentaban de una especie de tabletas multiproteínicas: el soylent green.
El film, creo recordar que era un thriller, llevaba al protagonista a unas investigaciones que le causaban no pocos problemas. Tenía un amigo, ya mayor, con el que hablaba de vez en cuando aunque no puedo recordar de qué. En un momento determinado, el actor principal le pregunta algo así como “¿dónde queda bondad en este mundo?”. El anciano le responde –en mi recuerdo con ojos brillante- con una sola frase: “En el Hogar”.
Poco después, el viejecito decide ir al Hogar que le mentó al protagonista. Entra. Hay unas chicas muy guapas y amables que le preguntan cuál es su color preferido. “Rojo”, dice él. También le interpelan sobre la música que desea: “Clásica”, responde. No sé si llega a añadir “allegro”, “ligera” o “movida”. Mi memoria juega mucho conmigo. Acuerdan un periodo de tiempo. “20 minutos”, creo recordar.
Llevan al anciano a una sala. Todos son muy amables con él. Allí, le dan una bebida y se tumba plácidamente en una sala con tonos rojos. Suena música clásica. Una obra famosísima que no puedo recordar. En unas pantallas gigantes empiezan a aparecer imágenes de cuando el mundo era precioso. Campos verdes y florecientes, animales preciosos, paisajes hermosos, naturaleza… El viejecito muere con una sonrisa en la boca y los ojos empañados en lágrimas.
Su amigo, el protagonista, ha seguido a su viejo amigo preocupado. Se da cuenta de la decisión que ha tomado pero no llega a tiempo de evitarlo. Después, deambula por los exteriores del Hogar pendiente de la ruta que siguen los cuerpos envueltos en sábanas que van saliendo del centro de la muerte.
Finalmente, descubre que los llevan a tétricas fábricas donde se produce en cantidades industriales el soylent green. La galleta oscura de la que todos se alimentan. |