El pasado fin de semana se celebró en Teruel la primera edición del Festival de música independiente Vinilove, y el grupo en el que toco tuvo el privilegio de participar y clausurar este nuevo certamen que nace con la ilusión de convertirse en una cita anual ineludible, como lo son ahora sus hermanos mayores del Contempopranea, el Sonorama o el Ebrovisión y algún paisano como el Easy Pop Weekend de Andorra. Estos, parecidos a la cita turolense en su génesis, surgieron hace ya más de una década de la inquietud y la ilusión de jóvenes que pretendían acercar a su tierra la música que les apasionaba y unía.
Antes de establecerse, los festivales de este tipo podían verse incluso contemplados con escepticismo por periféricos, pero con el paso de los años y el trabajo coherente, han pasado a formar parte del paisaje y la riqueza cultural de sus respectivas regiones de origen. Uno, con la perspectiva del tiempo, no puede sino recordar sus orígenes y su verdadero espíritu, el cual, a pesar de los años, sigue intacto y presente, preservando la llama que ha logrado prender entre los numerosos y eclécticos festivales que se desarrollan por todo el país. |