Leí hace tiempo una entrevista con Leo Bassi en la que confesaba que él, a pesar de ser italiano, aborrecía el fútbol. Detestaba ese juego por una razón que a mí me parece su esencia. Para Bassi, el fútbol es como un bucle interminable, en el que todo volvía a empezar desde cero después de cada temporada o de cada torneo. Su reflexión, aun certera, me parece que olvida que lo extraordinario de este deporte, lo que le hace semejarse tanto a la vida, es que siempre concede segundas oportunidades, que, aunque uno haya fracasado o triunfado en una etapa de su vida, encontrará a la vuelta de la esquina algo que le haga cambiar de nuevo.
Para los valencianistas, la frase de Bassi es casi un ideario, una forma de entender la pasión por el fútbol. No conozco afición en el mundo que cierre de manera tan radical las páginas de una temporada como la del Valencia. Cada año, haya logrado títulos o no, es como un punto final sin retorno, que nos hace comenzar otra vez desde cero. Y, si no comenzamos desde cero, buscamos fórmulas para que la nueva temporada nos genere más ilusión que la anterior, aunque sea en los primeros partidos del año.
Durante gran parte de mi vida he vivido los veranos con la ilusión de que la temporada siguiente iba a ser la buena. Ese “aquest any, sí” tan característico de la inconformista concepción del mundo de quienes somos del Valencia. Incluso en los años dorados del club, la afición ha reclamado un esfuerzo en fichajes, el interés en ver caras nuevas que, de una manera u otra, nos hicieran huir del tedio de tener que soportar las mismas caras, los mismos gestos y los mismos vicios que en el curso anterior.
Nuestra mente entra en un estado de selección en la que privilegiamos aquellos recuerdos más gozosos y, sorprendentemente, lejanos. No nos sirve lo inmediato, porque pronto nos cansamos de ello y lo olvidamos con rapidez
Esa obsesión por empezar de nuevo una y otra vez se ha traducido en algo tan valenciano como la tendencia a destruir la obra acabada, aunque haya sido brillante. En los tiempos en los que el Valencia ha logrado armar conjuntos rocosos y fiables, un soplo de viento se ha llevado el edificio de la manera más absurda. Sólo hay que recordar, como ejemplo, el agitado verano de 2004, cuando el equipo que Benítez había construido para tocar la cima futbolística del mundo se desmoronó en pocos días. Del mismo modo, cuando el Valencia ha necesitado renovaciones progresivas en su plantilla o en la parte técnica, estas se han hecho de forma apresurada e improvisada, como si lo más importante fuera lo que viene de nuevo, no lo que de bueno puede haber en lo que hay.
Todo esto lo llamo desmemoria y tiene que ver, más de lo que imaginaba, con la propia mente humana, transtornada por una pasión tan intensa como la que se puede sentir por un equipo de fútbol. Los seres humanos, a medida que nos hacemos mayores, vamos perdiendo recuerdos progresivamente. En unos casos más y en otros menos, pero nuestra mente entra en un estado de selección en la que privilegiamos aquellos recuerdos más gozosos y, sorprendentemente, lejanos. No nos sirve lo inmediato, porque pronto nos cansamos de ello y lo olvidamos con rapidez. Más o menos lo mismo que sirve para definir, por mucho que eso haga que a Leo Bassi no le guste el fútbol, este maravilloso juego que, en poco más de dos meses, iniciará un nuevo bucle.
Després que les primeres mobilitzacions dels docents valencians no arribaren a la participació esperada, hui, a la vaga general de l’educació espanyola, s'espera tot el contrari. Tot apunta que milers de professors i estudiants valencians s’uniran a la mobilització contra les retallades del govern central.
Després de huit anys d'haver rebut la presidència de Bancaixa com a premi al seu fugaç pas per la presidència de la Generalitat, José Luis Olivas es va acomiadar ahir del càrrec deixant l'entitat en la ruïna i sense cap vinculació valenciana. En el seu discurs de comiat va demanar perdó, encara que sense matisar per què, i sembla que no va despertar tant d'entusiasme com uns altres.
València acull des d'ahir la segona edició de PhotOn, el festival internacional de Fotoperiodisme impulsat per un grup de fotoperiodistes valencians que, a més de reivindicar en ell el paper social del seu treball, han aconseguit demostrar com, fent les coses bé i no solament a colp de talonari, València pot albergar importants cites culturals.