La otra noche, bajo la helada luna de febrero, estaban pasando una película de Francesc Betriu sobre el mundo de la prostitución en el barrio de El Raval de Barcelona. El centro multicultural Ca Revolta es un espacio de debates y actividades ninguneado por el poder y sin una subvención que llevarse a la boca. Y ahí sigue año tras año dando guerra y sin perder la moral. Esa película poseía la fuerza de las verdades ocultas y como jugaba el Barça contra el València, la sala tenía cinco espectadores. Lo más chocante del asunto es que a pocos metros de allí, en la cercana calle Viana, estaban sucediendo las mismas tragedias cotidianas que narra el cineasta en su documental y aquello tenía un aire irreal. Esas viejas calles de la ciudad antigua, entre Santa Teresa y Pie de la Cruz albergan también un pub de mucha modernidad llamado Radio City, que también programa asuntos culturales, conciertos de flamenco y concursos de teatro. En unos pocos metros cuadrados aquí se mueve un universo rico, humano y contradictorio. También un poco triste porque València, en la profundidad de su invierno y a las puertas de su gran orgía fallera parece un poco moribunda para luego resucitar con la fiesta. Pero esta ciudad no es Barcelona pues de lo contrario la actividad artística y cultural tendría mucha más vida. Es como una Barcelona en pequeñito, humilde y pobretona que tiene que conformarse con una vanguardia minoritaria a la que casi nadie parece hacer caso. Y en cambio no hay motivo para sentir ningún sentimiento de inferioridad respecto a una de las ciudades más importantes del Mediterráneo.
En unos pocos metros cuadrados aquí se mueve un universo rico, humano y contradictorio. También un poco triste porque València, en la profundidad de su invierno y a las puertas de su gran orgía fallera parece un poco moribunda para luego resucitar con la fiesta
Aquí tenemos un centro magnífico e histórico que es La Societat Coral El Micalet donde decenas de adolescentes aprenden música, se suceden las tertulias culturales, se leen periódicos y se come de categoría en su restaurante. Aquí trabaja Enric Casasús, un chef al que podríamos llamar sin rubor nuestro Ferran Adrià local. También está el centro cultural Octubre, escondido entre callejas y rodeado de tiendas de consumo inmediato. Y pese a la indiferencia oficial, no deja de ofrecer exposiciones y cursos a su público.
Y esa noche, en la soledad de Ca Revolta, un grupo de damas discutía sobre asuntos de mujeres con la naturalidad de las personas ilustradas que saben bien de lo que hablan. Sonaba lejana una canción de los Beatles y la camarera de la barra se afanaba en dejarlo todo preparado para el día siguiente. Le pedí un ajenjo y le comenté la soledad de la cultura que vive nuestra ciudad, dominada por una derecha política ciega ante todo lo que signifique progreso. La muchacha me miro sonriente y dijo: “La ciudad de València tiene una vanguardia de hombres y mujeres y un nivel tan bueno como pueda ser el de Barcelona; solamente hay un problema, está bajo la política de un Ayuntamiento reaccionario”. Fue un consuelo escuchar esas palabras y cuando salí de nuevo a la luna de València, aterido de frío, sentí el calor indiscutible de las palabras de la camarera. València no es Barcelona pero se le parece mucho. Anem anant, amics.
Després que les primeres mobilitzacions dels docents valencians no arribaren a la participació esperada, hui, a la vaga general de l’educació espanyola, s'espera tot el contrari. Tot apunta que milers de professors i estudiants valencians s’uniran a la mobilització contra les retallades del govern central.
Després de huit anys d'haver rebut la presidència de Bancaixa com a premi al seu fugaç pas per la presidència de la Generalitat, José Luis Olivas es va acomiadar ahir del càrrec deixant l'entitat en la ruïna i sense cap vinculació valenciana. En el seu discurs de comiat va demanar perdó, encara que sense matisar per què, i sembla que no va despertar tant d'entusiasme com uns altres.
València acull des d'ahir la segona edició de PhotOn, el festival internacional de Fotoperiodisme impulsat per un grup de fotoperiodistes valencians que, a més de reivindicar en ell el paper social del seu treball, han aconseguit demostrar com, fent les coses bé i no solament a colp de talonari, València pot albergar importants cites culturals.