El domingo por la noche Unai y los suyos salían escaldados del Camp Nou con un sobrepeso de cinco balones más en el equipaje. Una imagen triste, pareja a la actualidad de de estos días donde las porras y las acciones desproporcionadas han copado toda la actualidad informativa.
Con la sombra cercana del desenlace ante el Stoke City, sólo hay que decir que en el ambiente reina un runrún que indica que la eliminatoria de la Europa League es más una prueba a vida o muerte que una entusiasta eliminatoria bien encarrilada ante un rival accesible. Nadie lo quiere, pero esas dudas, años atrás, no eran ni planteadas. Y deseamos todos que la noche del jueves no salga torcida en Mestalla.
Del viaje a la ciudad condal se puede sacar la conclusión de que Emery jamás ganará a un grande como entrenador del Valencia CF. Ya no es que duelan los cinco goles, sino el resultado final de todo lo vivido. Al equipo de Unai le persigue el lastre del conformismo y el complejo de inferioridad, un síntoma que refleja que este equipo necesita un cambio en su discurso motivacional si quiere seguir creciendo. |