Hubo un tiempo en que esta ciudad estaba vibrante, crepitante, exultante de publicaciones, ediciones secretas y subculturas callejeras, algunas de las cuales poseían más entidad que las oficiales. La cosa coincide con la aparición del LP Transformer de Lou Reed, a eso de la mitad de los 70 y concluye con la muerte por pasotismo narcómano al final de los 90 del genio de la contracultura postpunk Kurt Donald Cobain.
En esos jurásicos tiempos, a caballo entre de un sistema horrísono, el franquismo y un amanecer socialdemócrata, el socialismo español, gentes de diversos pelajes y condiciones se dedicó a editar por su cuenta; a nivel local; nada de Madrid o Barcelona y sus monstruos editoriales.
Aquí sigue sirviendo copas un tipo que es lo menos parecido a un barman, más bien es como un chamán literario que siempre, cual zorro tempranero, miró por sus coetáneos artistas: se trata de Antonio Moll, más conocido por Toni y que impulsó en los 80 la brillantez del Café Malvarrosa, un localito de aspecto decimonónico y espíritu duchampiano. Moll, junto a elementos parapoéticos editó a un montón de desconocidos en colecciones primorosas del primer papel reciclado valenciano como Septimomiau.
Esos tiempos han vuelto, y ahora que la derecha caótica, ladrona e inculta quiere regresar a tomar las riendas del poder que nunca perdió, un nuevo movimiento subterráneo resurge para amargarle la presunta victoria electoral, a costa de la recesión
Al tiempo, en los confines fronterizos entre la ciudad y la Huerta de la Albufera, otro precursor, este criando ya malvas, por desgracia, Víctor Orenga, se dedicó a publicar a todo aquel chico o chica que tuviese algo que contar. Le corregía los textos un excelso y megadesconocido poeta llamado José Luís Parra. Aquellos fueron los viejos tiempos. Pero este texto, aburrido lector, que tienes entre ceja y ceja no va de nostalgia sino de pura vitalidad.
Esos tiempos han vuelto, y ahora que la derecha caótica, ladrona e inculta quiere regresar a tomar las riendas del poder que nunca perdió, un nuevo movimiento subterráneo resurge para amargarle la presunta victoria electoral, a costa de la recesión (que no es crisis, es puro saqueo de sus propias huestes).
La cultura indie y el espíritu de la contracultura de los 60 sigue vivo en muchas publicaciones. La primera, este digital en el que escribo, l'Informatiu, único diario indígena que cuenta verdades sin maquillaje y en vernáculo, dirigido por un francotirador del periodismo de calidad que es Tur.
Pero para entrar en materia se trata de estar atento a las ocho de esta tarde
De viernes venusiano y crápula, en un otoño mercurial que dará muy buenas alcachofas, que en el local Kafkafé, un bareto fronterizo entre Arizona Alboraia y los Viveros Bronx, presenta cosas que podríamos llamar rarezas.
Esta tarde Carlos Lopezosa, un chaval desconocido, presenta su poemario Animal Omega, editado en la editorial Cocó. Espacio literario alternativo que dirige otro utópico llamado Edu Almiñana y que, además de editar mis dos últimas y desconocidas obras Gas Ciudad y Macabro, se dispone a buscar ciudadanos dispuestos a perder la vergüenza y romper la invisible frontera que separa el periodismo de la literatura o la poesía. Al tiempo que el periodista, exdiputado socialista, Ferrán Bono, recupera su puesto en el El País. Lo que es una buena noticia para el periodismo cultural, mientras un semi mafioso llamado Chapo Bernard, cierra un medio cutre y deja en la calle sin pagar a sus currantes, otros, se parten el cobre para hacer de este oficio algo digno de tener en cuenta.
Si queréis titis salidas de una película de Polansky, hombres salidos de una de Welles y buena música, además de ver el careto a un poeta post Cobain llamado Lopezosa. Os espero a todos en Kafkafé. Bareto fronterizo que lleva el nombre del escritor más anti escritor que han conocido los tiempos modernos. Un escritor que es para mí más padre que mi propio ídem.
Després que les primeres mobilitzacions dels docents valencians no arribaren a la participació esperada, hui, a la vaga general de l’educació espanyola, s'espera tot el contrari. Tot apunta que milers de professors i estudiants valencians s’uniran a la mobilització contra les retallades del govern central.
Després de huit anys d'haver rebut la presidència de Bancaixa com a premi al seu fugaç pas per la presidència de la Generalitat, José Luis Olivas es va acomiadar ahir del càrrec deixant l'entitat en la ruïna i sense cap vinculació valenciana. En el seu discurs de comiat va demanar perdó, encara que sense matisar per què, i sembla que no va despertar tant d'entusiasme com uns altres.
València acull des d'ahir la segona edició de PhotOn, el festival internacional de Fotoperiodisme impulsat per un grup de fotoperiodistes valencians que, a més de reivindicar en ell el paper social del seu treball, han aconseguit demostrar com, fent les coses bé i no solament a colp de talonari, València pot albergar importants cites culturals.