La tarde del pasado sábado las calles de Valencia y Alicante volvieron a hervir en una nueva jornada extraordinaria. Decenas de miles de personas, cerca de 100.000 en total, salieron juntas a reivindicar una escuela pública y de calidad. Un hito, sí, uno más para los organizadores, a los que hay que felicitar de nuevo por haber reunido por segunda o tercera vez a tanta gente para protestar, con diferentes matices, por el deterioro constante que padece la educación pública en nuestras tierras.
A poco que uno se pare a pensar, salta a la vista que, aunque cada manifestación es un éxito de convocatoria, la situación empeora y lo único que parece ocurrírsenos es hacer otra movilización
No obstante la sensación es agridulce, porque a poco que uno se pare a pensar, salta a la vista que, aunque cada manifestación es un éxito de convocatoria, la situación empeora y lo único que parece ocurrírsenos es hacer otra movilización, como las que en ocasiones anteriores no nos dio ningún resultado. ¿Se habrán parado a pensar los organizadores en que algo no funciona? Vamos, si el fin último no es superar la cifra de convocantes de la anterior. Lo hablaba la previa de la concentración con un amigo maestro, que iba a acudir a esta y también a la convocada para el próximo jueves ya bajo el lema de "no a los recortes". Atendiendo a que la raíz del problema, por encima de los impagos, es cómo la crisis se está utilizando para desmontar el estado del bienestar, la pregunta sería: ¿por qué no se ha convocado una concentración unitaria en defensa del estado del bienestar? "Porque los funcionarios estamos mal vistos", respondía mi amigo.
Y no le faltaba razón. Los "funcionarios" (ese ente maligno) están mal vistos; y los sindicalistas; y los del turno de oficio "sólo defienden a maleantes"; "los maestros trabajan poco"; y "¿para qué vamos a pagar todos a los dependientes si de ellos se ha ocupado la familia toda la vida?"; y "los farmacéuticos son ricos"; y la gente, especialmente si se trata de inmigrantes, "pide recetas de más"; y... Y si seguimos cada uno haciendo la guerra por nuestra cuenta vamos a seguir perdiendo todas y cada una de las batallas. ¿Que no todos los funcionarios trabajan a destajo? Pues no, como no todas las familias son perfectas. ¿Que hay vicios que erradicar en la administración, como el imperdonable enchufismo? Efectivamente, y sindicatos y políticos quizás deberían ser los primeros en tomar medidas ejemplares en sus propias organizaciones y a en los puestos que les ofrece la administración para evitar el descrédito que ahora padecen. Pero que independientemente de todo ello debemos tener claro que esta es una batalla común y el enemigo es conjunto, es algo imprescindible.
¿Que por hacerlo se pierden en principio unos miles de manifestantes por el camino, porque no entienden que tan importante es que su hijo tenga una buena escuela como que el funcionario de la administración pueda desarrollar su trabajo al servicio de la ciudadanía en condiciones? Pues que se pierdan, pero se perderán pensando en ello. Se estará sembrando para el futuro.
Després que les primeres mobilitzacions dels docents valencians no arribaren a la participació esperada, hui, a la vaga general de l’educació espanyola, s'espera tot el contrari. Tot apunta que milers de professors i estudiants valencians s’uniran a la mobilització contra les retallades del govern central.
Després de huit anys d'haver rebut la presidència de Bancaixa com a premi al seu fugaç pas per la presidència de la Generalitat, José Luis Olivas es va acomiadar ahir del càrrec deixant l'entitat en la ruïna i sense cap vinculació valenciana. En el seu discurs de comiat va demanar perdó, encara que sense matisar per què, i sembla que no va despertar tant d'entusiasme com uns altres.
València acull des d'ahir la segona edició de PhotOn, el festival internacional de Fotoperiodisme impulsat per un grup de fotoperiodistes valencians que, a més de reivindicar en ell el paper social del seu treball, han aconseguit demostrar com, fent les coses bé i no solament a colp de talonari, València pot albergar importants cites culturals.