Al echar la vista atrás me parece increíble el haber podido dar continuidad a esta modesta empresa de aprender escribiendo. Porque eso es lo que yo he hecho: aprender
De paso, cada reflexión me ha ayudado a conocerme un poco mejor, porque escribir no es lo mismo que pensar. A veces hace falta plasmar los pensamientos, convertirlos en palabras, para que estos cobren su auténtico significado y alcance. Muchas veces pensamos “te quiero”, sentimos “lo siento”, deseamos perdonar o ser disculpados, pero todo queda en una intención, o en un proyecto que no llega a llevarse a término.
Al escribir, al igual que al verbalizar nuestras ideas y pensamientos, damos a nuestras intenciones otra dimensión que nos acerca al prójimo, promoviendo el principio de acción- reacción que tanto hace por mantener activas la comunicación y el intercambio de pareceres.
Así que llega el verano, el calor, las siestas y las noches en vela. Entre altas temperaturas y ventanas abiertas de par en par, el ruido invade nuestros dormitorios y ameniza cada una de las vueltas que damos en la cama. Al menos gracias a ese bullicio de televisiones y vecinos no escuchamos a los malditos y auténticos vampiros de la noche, insoportables mosquitos que pululan por nuestras habitaciones de madrugada y que al final, siempre se deciden a susurrarnos al oído con su zumbido que tienen bien claro que van a dejarnos alguna marca en nuestra piel.
Algunos tendréis vacaciones forzadas, otros trabajos que puede que también lo sean (forzados), pero seguro que todos y todas merecéis un periodo de descanso o de trabajo justo y bien remunerado.
El próximo será un nuevo curso que empezaremos con la mejor de las intenciones. Yo pienso aplicarme este verano para recuperar las asignaturas pendientes, así que nos vemos en septiembre ¡Deseadme suerte! Yo os la deseo de todo corazón.