En muchos hogares valencianos esta mañana ya no habrá gritos, carreras ni agobios. Las sábanas se habrán quedado pegadas a los cuerpos de cientos de niños y jóvenes que, desde hoy, ya no tiene cole. Han llegado las vacaciones de verano, un largo periodo de holganza que va desde la noche de San Juan (mágica para parejas pero también para los escolares) hasta la primera semana de septiembre (ambas inclusive). Pero si los problemas han terminado para los estudiantes, empiezan otras tensiones en las familias: ¿Con quién dejamos a los niños?
En estos casos, como en otros largos periodos vacacionales (Navidades y Semana Santa con Pascua de San Vicente inclusive) sólo se relajan los escolares, el resto de la casa mantiene, incluso incrementa, la tensión. Se recurre a todo tipo de planes de los que los más perjudicados son los abuelos, las tías solteras (cuando las hay y si son de la vieja guardia mejor) y las amigas en paro. Vecinas, madres de otros escolares o inmigrantes a tanto la hora son, en la escala de recursos, alternativas utilizadas para parchear las brechas existentes entre la vida familiar y la laboral. Hay parejas que se turnan las vacaciones para poder atender alternativamente a sus churumbeles, sacrificando de esta forma el preciado tiempo para compartir en familia que supone el periodo estival. |