"Usar el exceso como remedio curativo es uno de los recursos en el arte de saber vivir" Federico Nietzsche
El escritor y pensador más interesante de la época moderna llevó su asombroso aforismo al límite, se volvió majara: al menos eso nos dicen. No fue el primero, Alonso Quijano se rayó unos cuantos siglos antes y no digamos uno de nuestros más finos bardos vivos, Leopoldo María Panero, presuntamente sicótico (asunto del que albergo dudas), en un centro de Canarias. En todos ellos funcionó muy bien el exceso para sobrevivir entre la mediocridad vulgarota de la infracultura burguesa.
Pensad en las películas del maestro Luccino Visconti. Describió como pocos la miseria de los ricos, la cutre aristocracia del XIX que en el XXI ha mudado en mafia financiera sin miriñaques ni pajaritas. Esa mugre no se excede, ni siquiera guarda las formas; se pasa.
El exceso, esa actividad humana tan perseguida por el estado represor como tolerada por la élite millonaria que se permite hasta el crimen (ver la genial despedida de Kubrick, Eyes White shut). |