La característica más destacada de Narso es su actitud positiva ante la vida y el buen humor
Si para hacerse una idea de alguien basta con escuchar a sus amigos, con Narso Domingo, la imagen primera es la de su actitud positiva ante la vida y la de ser un malabarista del buen humor. “Una de las personas mas buenas y generosas que he conocido. Siempre dispuesto a hacer reír a los demás, a hacer que todos se sintieran a gusto. Allá a donde íbamos a tocar con él siempre había energía positiva”, recuerda la pianista Kontxi Lorente.
Francisco Blanco “Latino”, director musical de Sedajazz, explica cómo esa personalidad se vio reflejada, también, en el plano profesional: “Narso era uno de los mejores bateristas que ha tenido Valencia, una de las mejores personas y compañero, un maestro en saber repartir optimismo y buena onda, un experto en sacar sonrisas, una persona sencilla, humilde y ejemplar, queridísimo por todos los que lo hemos tenido la suerte de conocerlo y compartir experiencias con él. Ha sido uno de los músicos más activos, solicitado y respetado de la escena musical valenciana, ha acompañando a un sinfín de artistas y músicos, un todo terreno, un grandísimo profesional que ha compartido su humildad hasta con los mejores del jazz a nivel internacional y ha sido profesor de numerosos bateristas que hoy son grandes profesionales. Hemos vivido situaciones variopintas y surrealistas. ¡Narso siempre las abordaba con su humor tan especial y característico! Nos hemos podido reír con él lo que no esta escrito. Tenía varias expresiones y frases originales muy graciosas, siempre nuevos chistes con tinte surrealista, y su riñonera, costumbre he heredado de él…”.
A estas palabras se suman las del trompetista David Pastor: “conocía Narso en el 92, en un grupo de dixieland que formó Latino, desde entonces hemos tocado muchísimo juntos en un montón de formaciones: con la Sedajazz Orchestra, con el quinteto de Ramón Cardo y Joan Soler, con The Platers, y sobre todo con el Valencia Hot Five. Era el típico músico con el que todo el mundo quería tocar, y siempre que se pronunciaba su nombre, esbozabas una sonrisa, porque sabías que ibas a reír y a pasártelo bien. Siempre muy profesional y con los papeles aprendidos, podías contar con él para cualquier tipo de embolao”.
También lo recuerda el saxofonista Kiko Berenguer, quien compartió con él veinte años de proyectos, carreteras y escenarios: “era ordenado, metódico, puntual, trabajador y con mucho talento, reconocido como uno de los grandes bateristas de la escena, solicitado por muchos grupos y solistas, siempre con su agenda en la que anotaba todo, incluso los chistes que le hacían reír porque decía que se le olvidaban, así como las figuras rítmicas que llevaba anotadas en el parche de la caja. Se tomaba todos los trabajos muy en serio y se entregaba en cada concierto. Era muy humilde y respetuoso, y eso le hacia mas grande. Una persona muy optimista, capaz de ver siempre la parte positiva, o en cualquier caso, de no obsesionarse con la negativa, capaz de sonreír en los momentos más difíciles”.
Esta será una reunión de jóvenes y viejos amigos en la que podrá escucharse de todo, y a muchos, por haber espacio y tiempo de sobra para recorrer la memoria de Narso y una vida musicada. Así, con este mosaico de amistades entregadas, “si vas el domingo al Mercedes podrás hacerte una idea del carisma y el cariño que desprendía Narso” (Edu Olmedo) porque “era un buen tío, tenia un sentido del humor envidiable y era amigo de sus amigos, cosa que entre músicos ya no se lleva” (Vicente Espí), “un tipo sencillo y divertido, al que le gustaba contar chistes entre tema y tema” (Santi Peláez). Pero y, sobre todo, “destaca la tranquilidad que, como músico, ofrecía al resto de componentes, siempre aderezado con una sonrisa mientras actuaba. Sin tensiones, ni malas caras, ni críticas, lo que hacía aún más grande su figura” (Alfredo Montesinos) y es que, sin lugar a dudas, “Narso Domingo era un maestro de la batería y una persona maravillosa” (Miguel Asensio, “Roget”).